Cuatro meses de defensa de la educación
La lucha de los estudiantes por una educación pública, gratuita y de calidad ha incendiado Chile y ha activado la resistencia al modelo neoliberal.
Van a cumplirse los primeros cuatro meses de las movilizaciones estudiantiles en Chile. Una educación pública, gratuita, equitativa y de calidad es la consigna que ha empujado a los estudiantes a tomar sus colegios y universidades durante este tiempo y a sacar a cientos de miles de personas a las calles en cada manifestación.
El país del cono sur posee los más altos índices de desigualdad en la distribución de la riqueza y su sistema educativo es de los más privatizados del mundo.
El año 2011 será recordado en Chi – le como el año del estallido social, porque la movilización estudiantil que han levantado los jóvenes de todo el país se ha convertido en una demanda social. El ingenio, la creatividad y la fuerte convicción de los estudiantes de que este año no aceptarán migajas y llegarán movilizados hasta las últimas consecuencias tiene al país sumido en el debate.
Estudiantes menores de edad en huelga de hambre desde hace más de dos meses, manifestaciones familiares con un millón de personas –en un país con 17 millones de población–, cacerolazos masivos y marchas que suman cientos de miles de personas entre todas las ciudades.
También hazañas como caminar desde Santiago al Congreso en Val – paraíso –120 kilómetros– o correr 1.800 horas alrededor del Palacio de la Moneda –cifra que representa la cantidad de millones de dólares que hacen falta para financiar un año de educación gratuita–, intervenciones urbanas de música y danza, así como cortes de calle y barricadas han sido la tónica en esta movilización.
La negociación del Gobierno
El Gobierno encabezado por Sebas – tián Piñera ha planteado una serie de propuestas en las que no se han recogido las principales demandas estudiantiles.
Pese a que ambas partes se declaran abiertas al diálogo, el ministro de Educación, Felipe Bulnes, rechazó las cuatro garantías mínimas que los estudiantes pedían como condicionante para iniciar una mesa de trabajo. Estas garantías consistían en postergar el plazo estipulado para la renovación de becas y créditos estatales –proceso que está estancado debido a la paralización indefinida de las clases–, y suspender la tramitación en el Parla – mento de los proyectos de ley relacionados con créditos en educación superior. La tercera condición buscaba garantizar la transparencia del proceso y, por último, los estudiantes exigían que se cancelara la entrega de recursos estatales a instituciones que se lucran con la educación, pese a que está prohibido por ley.
Ante la negativa del Ejecutivo, los estudiantes anunciaron nuevas movilizaciones masivas. El 22 de septiembre se reunieron en Santiago 180.000 personas, movilización a la que se adhirieron también los trabajadores del cobre. Las manifestaciones se replicaron por todo el país.
La dura represión policial
La represión policial ha sido la estrategia del Gobierno ante este panorama. En días de paro nacional y movilización, como el 4, el 9, el 24 y el 25 de agosto, las ciudades han amanecido sitiadas por la policía, y la agresión a civiles ya cobró su primera víctima mortal. Se trata de Manuel Gutiérrez, un joven de 16 años que fue impactado en el pecho por una bala de Carabineros.
Chile es uno de los países con mayor inequidad en la distribución de la riqueza, y la privatización de su educación es de las más amplias del mundo. En el país sudamericano no existe educación superior pública, pues el Estado aporta menos del 15% de la financiación total a las pocas universidades estatales que sobreviven. Según la misma OCDE, para considerar que una institución es pública debe recibir al menos el 20% de su financiación del Estado.
Ante este panorama, la financiación de la educación proviene de los bolsillos de cada familia, que ante el alto costo de las universidades, sólo puede optar por el endeudamiento.
Desde 2005, con el Gobierno socialista de Ricardo Lagos, se aprobó la creación del Crédito con Aval del Estado (CAE), un sistema de crédito bancario por el que el Estado asume el rol de avalista, por lo que hay menos requisitos para acceder a él. Tras seis años de vigencia de CAE, el resultado ha sido una generación completa de jóvenes que a los 25 años ya tienen deudas de unos 15.000 euros de media.
Los pingüinos 2.0
Las movilizaciones de 2006 se conocieron como “La Revolución de los pingüinos”. Esta denominación tiene su razón de ser en el uniforme de los alumnos de los liceos. Fue bautizada como revolución por el fuerte movimiento estudiantil que levantaron los estudiantes secundarios, quienes exigían el fin de las leyes de educación instauradas en la dictadura de Pinochet. Ese año comenzó la mayor revuelta que Chile vivía desde la transición a la democracia en los ‘90, sin embargo, la salida del conflicto que ofreció la socialista Michelle Bachelet fue una mesa de trabajo que generó una nueva ley de educación, pero sin cambios sustanciales. Con ese aprendizaje, el movimiento de 2011 ha planteado que toda negociación con el Gobierno lo harán movilizados, sin bajar las tomas ni los paros.
El Gobierno de Piñera, el primero de derechas desde el derrocamiento de la dictadura de Pinochet, ha propuesto dos acuerdos para modificar el sistema educacional, no obstante, los estudiantes han considerado que ambas propuestas deso – yen sus demandas, y lo han expresado saliendo a las calles con aún más fuerza y masividad. Pese a las amenazas de perder los beneficios estatales, pese a la preocupación de las familias respecto a la incertidumbre del año escolar, y pese al hambre, el frío y el cansancio que implica mantener las muchas tomas de colegios y universidades durante meses, la convicción de los jóvenes sigue en alto con lienzos que versan consignas como “perder un año para ganar una vida, no nos bajamos hasta la educación gratuita”.








