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Archive for 20 febrero 2009

Nanas peruanas y la discriminación de género cruzada:

EL CALVARIO DE SER TRABAJADORA ILEGAL EN CHILE

El gobierno de Chile anunció un programa de amnistía para aproximadamente 20 mil inmigrantes indocumentados, el cual estará vigente del 5 de noviembre al 5 de febrero de 2008. En este lapso los extranjeros podrán regularizar su situación para acceder a una visa temporal por un año. Solo podrán realizar estos trámites aquellas personas que hayan ingresado irregularmente a Chile hasta el 21 de octubre. Jannina Canaval y Jenni Luján nos cuentan de su experiencia como empleadas domésticas ilegales en Chile.

 

Por Damaris Torres, Natalia Sánchez y Equipo Disidencia Sexual

La migración peruana en Chile es creciente. Existen estimaciones no oficiales que señalan que, cada mes, entre mil y dos mil peruanos se instalan a vivir en el país. De ellos, gran parte se encuentran en la ilegalidad, trabajando en condiciones paupérrimas. El caso más emblemático es el de las empleadas domésticas, más conocidas como en el argot nacional como “nanas”.

Actualmente una gran cantidad de familias están contratando a peruanas indocumentadas como trabajadoras domésticas para sus hogares. La razón es simple: ausencia de contratos, salarios bajos y por sobre todo, la certeza de prescindir de sus servicios libremente, sin previo aviso.

La Asociación Nacional de Empleadas de Casas Particulares (Anecap) cuenta con 350 mil trabajadoras, de las cuales el 28% corresponde a peruanas con permiso de residencia en el país. Sin embargo, la situación de Jannina Canaval (26) y Jenni Luján (29), a quienes contactamos para este reportaje, es distinta.

Jannina Canaval, es una nana de origen peruano que está indocumentada en el país. Comenta: “el problema de ser ilegal es sobre todo no existir socialmente, ya que no tenemos seguridad laboral y tampoco buenos sueldos, lo que ocasiona la ausencia de previsión de salud y la imposibilidad de un ahorro para nuestra jubilación. Por ejemplo, si algo se pierde en la casa, se nos culpa inmediatamente por nuestra condición de ilegalidad y se nos despide. Si esto ocurre, no tenemos un finiquito que firmar ni que pagar.”

Ellas ni siquiera pueden asociarse a instituciones como la Anecap por el hecho de ser inmigrantes sin papeles. Esto implica una considerable diferencia salarial. Las empleadas domésticas legales, ya sea inmigrantes o chilenas, reciben un sueldo entre los 150 y 250 mil pesos mensuales. Por el contrario, las indocumentadas sólo optan a un salario que fluctúa entre los 80 mil pesos y el sueldo mínimo.

Ser inmigrante y no tener papeles, además de ser empleada doméstica y encima asumir las discriminaciones culturales por el hecho de ser mujeres, se convierte en un estigma duro de llevar para estas nanas. Jenni, por ejemplo, comenzó trabajando puertas afuera en una casa de la comuna de Peñalolén obteniendo como sueldo 150 mil pesos mensuales. No obstante, las condiciones laborales cambiaron para ella. Desde hace dos meses su ritmo de trabajo consiste en un servicio puertas adentro, sin derecho a día libre, recibiendo por pago el mismo sueldo.

En el caso de Jannina la situación es más complicada. La joven, que reside en Chile hace 9 meses, trabaja sólo por 80 mil pesos en un hogar ubicado en la comuna de Las Condes. Su horario de trabajo es de 8 de la mañana hasta las 9 de la noche, hora en la que deja servida la cena para sus patrones y deja acostada a la guagua.

Tanto Jenni como Jannina saben que mientras no regularicen su situación en Chile deberán soportar estas condiciones de vida; ambas necesitan el dinero que reciben, ya este es enviado a Perú, casi íntegro, para alimentar a sus hijos ¿Será este plan de regularización de inmigrantes, “Perdonazo”, la solución para ellas?

Jenni y Jannina piensan que esta medida les es favorable, ya que regularizando su situación en Chile tendrían más posibilidades de resguardo social. Ambas se encuentran contentas de haber enviado su formulario y de tener la opción de obtener su residencia legal. Pese a ello, deben esperar la respuesta del gobierno.
La medida, que parece algo esperanzadora, ha generado controversias respecto al número de beneficiados. Según las cifras del Departamento de Extranjería y Migración la estimación de inmigrantes ilegales en Chile asciende a 20 mil personas, por ello los 20 mil cupos disponibles para el perdonazo. Sin embargo, las cifras del Comité de Refugiados Peruanos en Chile hablan de 45 mil personas.

De ser esta situación no se tendría certeza de quiénes vayan a ser realmente los que obtengan el permiso de residencia. Todos quienes no sean beneficiados correrán el riesgo de ser deportados al entregar sus datos a través del formulario de solicitud. Si bien, esta medida es positiva, en el sentido de normalizar la situación de miles de inmigrantes ilegales que viven en desfavorables condiciones, queda abierta la interrogante de los criterios reales de selección. Resulta preocupante considerando la esperanza que sembró en tantos inmigrantes este anuncio. Queda la sensación de que esta medida sigue siendo insuficiente.

Los favorecidos serán los provenientes de Perú, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, República Dominicana, Cuba, Islas Caimán, y Haití. No obstante, los más beneficiados serán peruanos y bolivianos, con 15 mil y 2 mil visas reguladas respectivamente.

Según cifras del DEM, entre en los años 1995 y 2005 se otorgaron alrededor de 96.300 Permanencias Definitivas a inmigrantes, de las cuales 33 mil corresponden a peruanos. De las Visas otorgadas anualmente, ya sean sujetas a contrato, temporarias o de estudiantes, más del 50% son concedidas a personas de nacionalidad peruana.

(Noviembre de 2007)

 

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 Maipú, la segunda comuna más habitada del país, no cuenta con un hospital para sus más de medio millón de pobladores. Hoy luego del colapso de la salud pública, su urgencia se hace evidente y parece por fin tomar forma, luego de más de diez años desde su primera solicitud de construcción. 

 Por Romina Reyes y Natalia Sánchez

 Agosto, el mes más temido por niños, abuelos y todos aquellos sensibles a las enfermedades que rondan por el aire, llegó arrastrando una onda polar que trajo hospital20-alvarorivasconsigo nieve, alientos condensados y temperaturas bajo cero. Esto aumentó la sensibilidad de la población a contraer enfermedades respiratorias, y acabó por colapsar el sistema de salud público de la capital, que actualmente cuenta con 24 hospitales, dejando en evidencia la falta de implementación y el escaso personal con el que se cuenta, mostrando una realidad cruda con enfermos colmando los pasillos en espera de atención.

 La congestión del sistema de salud se manifestó en casos recientes, como, por ejemplo, el del Hospital Sótero del Río, donde, a principios de agosto, se encontró que mantenía a 40 pacientes hospitalizados sin una cama.

 Debido a esto, recientemente el Gobierno se ha visto en la obligación de referirse al tema de la salud, haciendo reflotar para la opinión pública la construcción de los dos nuevos hospitales, con los que se espera, poder aliviar la demanda de salud pública en la capital. Estos son el Hospital de La Florida y el Hospital de Maipú.

 El hospital de Maipú

Maipú, comuna del sector poniente de Santiago, comienza en el paradero 7 de Pajaritos y se extiende hasta los mismos límites de la ciudad. Según el registro de las boletas de agua, cuenta con más de 512 mil habitantes y prepara 15 mil viviendas nuevas para recibir a la población joven que día a día hace crecer al municipio. De hecho, este crecimiento data del año 1981, cuando se modificó el Plan Regulador de la comuna para renovar el uso del suelo, que hasta entonces era netamente agrario (aunque, en la actualidad y según datos de la Municipalidad, el 63% de los suelos continúa utilizándose para la agricultura). Es la segunda comuna más poblada del país, y se espera que en los próximos años le quite éste puesto a Puente Alto.

 Así y todo, con más de medio millón de habitantes rondando día a día por sus calles, Maipú no cuenta con un Hospital. Los servicios de salud que ofrece la comuna constan de tres Centros de Salud Familiar para la Atención Primaria, los que comúnmente se conocen como “Consultorios”, y dos Centro Comunitarios de salud Familiar (Cecof).

 Los primeros están diseñados para atender a una población estimada de 30 mil a 40 mil pacientes, sin embargo el Consultorio de Maipú, el Consultorio Ahues y el Consultorio Ana María Juricic reciben alrededor de 129 mil, 58 mil y 84 mil pacientes respectivamente, según datos de la Dirección de Salud de la municipalidad, cifras que no dicen más que lo evidente: el sistema público no da abasto para la cantidad de población.

 No sólo las cifras dan cuenta de esta realidad. Las dependencias del consultorio de Maipú, ubicado en Avenida Pajaritos 2470, cuenta con precarias instalaciones de más de 30 años de antigüedad, cuya higiene no es la propicia para un Consultorio de salud, lo que preocupa a la gente que allí se atiende. Guillermina Alcántara, vecina de la comuna y paciente de dicho lugar, declara que los perros entran a las dependencias y no existe control sobre ello. Además, comenta con respecto al servicio, que se cita a muchas personas por doctor y se producen largas esperas tanto para tomar horas como para la atención médica.

 Así mismo lo reconoce Víctor Marchán, otro paciente, quien afirmó “recién escuchábamos a un caballero que le decían:venga a fin de año para darle hora para el otro año”.

 Sin embargo, actualmente la situación ha tratado de remediarse. El municipio ha construido tres nuevos consultorios, El Abrazo, El Trébol y Bueras, para respaldar el funcionamiento de los ya existentes. Estos, a diferencia de los otros, son de administración municipal, y no del Servicio de Salud Metropolitano Central (SSMC), lo que se traduce en un aumento del per cápita destinado para la atención de cada inscrito, que será de $2.380.

 La iniciativa de aumentar el número de recintos de atención primaria en ésta y otras comunas comienza con los gobiernos de la Concertación, puesto que durante el Gobierno Militar, la salud fue un tema relegado a segundo plano. Durante los 17 años de su duración, no se registra la construcción de ningún centro de salud para una comuna que crecía desmesuradamente.

 Aún y cuando la atención primaria se respalde con los consultorios ya nombrados, la comunidad de Maipú sigue considerando que uno de los problemas más graves es la falta de atención terciaria en la comuna. Esto, en palabras de Víctor Marchán, quién afirma que se da sobre todo en el área ginecológica. La falta de éste tipo de atención provoca que las mujeres deban viajar una hora y media con contracciones para dar a luz.

 Las clínicas y hospitales son los encargados de otorgar éste tipo de atención. Actualmente, a los vecinos de Maipú, les corresponde atenderse en el Hospital San Borja Arriarán, donde además, convergen las comunas de Santiago, Cerrillos y Estación Central, lugar donde se encuentra ubicado. Aún cuando éste es considerado como un buen hospital, tanto en opinión de los vecinos como en sus capacidades de atención, que cuenta con equipamiento suficiente, el hospital no da abasto.

 Por ello, las soluciones que ha dado la municipalidad siguen siendo insuficientes, y así lo piensan los vecinos de la comuna, quienes declaran que las nuevas dependencias (consultorios y Cecof) son pequeñas y la población sigue en aumento, por lo tanto es imperiosa la necesidad de un hospital en Maipú.

 Gestación del proyecto

La necesidad de un Hospital para Maipú no es reciente. Ésta data del año 1952, cuando Maipú aún era un sector rural que se encontraba demasiado alejado de la ciudad y no existían arterias importantes que lo conectaran con el centro. Sin embargo, no fue sino hasta 1991, durante el mandato del alcalde Herman Silva (DC), actual concejal, que la idea tomó fuerza. En una iniciativa de toda la comunidad, que incluyó a bomberos, Cruz Roja, Club de Leones, la Iglesia y principalmente los vecinos, se recolectaron 100 mil firmas que solicitaban la construcción del Hospital.

 Desde entonces, se iniciaron las gestiones para llevar a cabo dicho proyecto. En 1992, la municipalidad hace entrega al Ministerio de Salud del terreno de 44 mil metros cuadrados, ubicado en Rinconada 1001 para la construcción del Hospital, cediéndoselo por 99 años. Además, otorga al Ministerio 50 millones que serían destinados para la evaluación del proyecto.

 A pesar de esto, los estudios de financiamiento se dilatan por largo tiempo. Este retraso se da a nivel del Ministerio, razón por la cual el municipio solicitó explicaciones. Sin embargo, en declaraciones del concejal Herman Silva, éstas no fueron certeras y no otorgaban una buena razón para el retraso del proyecto.

 A partir de entonces, el proyecto se mantuvo estancado y sólo reapareció en el año 2004, en el marco de las campañas electorales municipales y, posteriormente, en las presidenciales.

 El Hospital en las candidaturas política

La construcción del hospital figuraba dentro de las propuestas del candidato a la alcaldía, Alberto Undurraga, perteneciente a la DC, que contaba con el apoyo del Ministro de Salud del ex Presidente Ricardo Lagos, Pedro García en plena campaña política.

  El 12 de octubre del 2004, el portal de la radio Cooperativa informaba del conflicto causado en una conferencia de prensa donde figuraba Undurraga junto a García, presentando el mismo estudio de proyecto que el alcalde de entonces, Roberto Sepúlveda (UDI) declaraba haber presentado dos años atrás.

 Lo que intentaba decir el alcalde de la UDI, y no de manera indirecta, era que el Hospital se estaba utilizando como propaganda política para candidatear a Alberto Undurraga, por ser la opción oficialista.

 Hoy en día, se sigue pensando en el hospital como medio para mantener a Undurraga en la municipalidad, según la opinión de María Soledad Navas, presidenta de la Junta Vecinal Ejército Libertador Villa Lo Errázuriz, quien declaraba además haber sido partícipe de la celebración de la aprobación del proyecto durante la administración de Sepúlveda, la que luego, extrañamente, fue retirada.

 Cabe mencionar que la construcción del Hospital también fue anunciada durante la candidatura presidencial de Michelle Bachelet, reafirmada en su discurso del 21 de Mayo del año 2006, y reiterada recientemente en los medios por el colapso de los hospitales. De hecho, se ha manifestado por parte de Gobierno que la construcción del hospital debe concretarse para el periodo 2010-2012.

 El retiro de la autorización dio como resultado la demora del normal avance del proyecto del Hospital, que sólo ahora se retoma dada la urgencia del colapso del servicio público. El proyecto solo logró encausarse cuando Undurraga asumió la alcaldía.

 El Hospital hoy

Durante el 2006, se licitó la preinversión del proyecto para comprobar su factibilidad. En el presente año se encuentra abierto el concurso de licitación para la precalificación que deberá gestar el proyecto. Y para el 2008 se anuncia el concurso de concesión para la construcción del hospital. Por estas mismas razones, Gabriela Chávez, presidenta del Consejo de Salud municipal, considera improbable que el hospital este listo para las fechas que anuncia el Gobierno. “Ni siquiera se ha puesto la primera piedra” declaró.

 La principal razón que se argumentaba para el retraso de la construcción del hospital apuntaba hacia su financiamiento. Para esto el alcalde Undurraga, propuso el sistema de concesiones. Este hospital, junto con el de La Florida, será el primero en construirse bajo este sistema, lo que no significa que sea un hospital privado. Sólo su construcción será concesionada, luego pasará a la administración pública.

 El hospital de Maipú contemplará las 4 especialidades básicas: medicina, cirugía, pediatría, salud mental y aportará 375 camas al sistema de salud.

 Éstas camas podrían haber evitado el reciente colapso de los hospitales, si éste proyecto no se hubiera dilatado durante tanto tiempo, por razones inconsistentes o netamente políticas.

 Al tratar de impedir que el hospital fuera un proyecto que se adjudicara Roberto Sepúlveda, se retiró una aprobación que deja en claro la despreocupación por las exigencias de los vecinos de Maipú, puesto que son ellos quienes reclaman por un hospital desde 1991.

 Aún cuando hoy la construcción del hospital se ha puesto en marcha, los plazos anunciados son irrealizables, según opiniones de los propios vecinos y expertos del área salud, pese a la insistencia de la presidenta Bachelet de querer cortar la cinta inaugural al finalizar su mandato.

 Sin embargo, se tuvo que esperar a que las largas colas de espera en hospitales y consultorios llegaran al límite, teniendo gente hospitalizada en pasillos, sin camas, transmitido por la televisión, para poner en marcha un proyecto que llevaba años empolvado en las oficinas del ministerio.

 El colapso reciente del sistema público de salud sólo deja en claro una cosa: lo importante que es el hospital para la población de Maipú y para el resto de Santiago.

(Marzo de 2007)

 

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Con la exactitud y la precisión de una radiografía, la novela de Héctor Aguilar Camín atraviesa y revela la fractura histórica de México, y en su reflejo la de Latinoamérica toda. Inundada de los reales alcances, tanto a nivel social como personal, de quienes ejercen el oficio de recrear, registrar y retratar la historia –periodistas e historiadores- La Guerra de Galio dilucida los conflictos de poder y de la legalidad de las verdades de la casta intelectual y gubernamental, en una prosa envolvente que traspasa el blanco y negro para entregarnos una radiografía llena de colores y matices. 

Vida privada, pública, académica, secreta, clandestina, poderosa y apasionada es la vida de Carlos García Vigil, el historiador que incursiona en el periodismo en el diario La República y que es protagonista de esta novela publicada en 1994, que transcurre cronológicamente entre los años 1968 y 1986 en México. Aguilar Camín avisa ya desde el prólogo su relación alumno maestro y, más aún, su carga afectiva hacia la figura de Vigil, de quien rescataría una de sus mujeres, tras su muerte, las anotaciones del propio Carlos que darían fruto a esta novela.

 Una mezcla del legado secreto de Vigil, que cuenta su propia historia en la voz de las innumerables citas que dan cuerpo al relato, y la pluma minuciosa en recreaciones y descripciones del autor, apoyado en el testimonio de los personajes reales, son esta herida a tajo abierto de la historia de colonialismo, revolución frustrada y autoritarismo encubierto de México en las décadas de los 70’ y 80’.

 “El conjunto era algo menos y algo más que la historia sentimental y política de una generación. Era un esbozo encarnado de la trágica generosidad de la vida mexicana, su enorme capacidad de dispendio humano y la resistencia, diríase intemporal, de sus propios lamentos”, escribe en el prólogo Aguilar Camín respecto de las notas de Vigil que recopiló en esta novela.

Discordia intelectual

 El eje central de la trama de La Guerra de Galio es la inclusión del protagonista a la labor periodística en el diario La República, el de mayor tradición y prestigio del México de la época, y en ese escenario su confrontación con la labor del gobierno del PRI en la represión de la guerrilla que se vivía. Su intromisión en los cambios que llevó a cabo junto a Octavio Sala, célebre director del medio, en la línea editorial que pasó de ser meramente informativa a una mucho más incisiva, dilucidadora y por sobretodo contestataria a la inercia del sometimiento gubernamental, da paso a una guerra de poder electrizante.

 Vigil, bajo el alero de Octavio Sala y su “República”, resulta especialmente interesante por provenir precisamente del oficio de historiador. Su vasto conocimiento entregado en sus publicaciones de los procesos de la revolución mexicana y su abierta crítica a los resultados más allá de las motivaciones del proceso, dotan al personaje de una carga intelectual que le permite caer en intensos diálogos con el personaje disidente, Galio Bermúdez. Galio, también historiador, encarna la posición gubernamental justificándola desde su visión histórica, pero mucho más allá del convencional argumento democrático, justifica sus miserias, la lacra, el juego sucio que se esconde en los sótanos, y que es necesario en pos de mantener el orden social, la tranquilidad de un México dócil y sufriente.

 La guerra de Galio es la metáfora entre las posibles acciones o posiciones desde la itelectualidad. Vigil y Galio, ambos historiadores, concuerdan ampliamente en muchos de los aspectos de la historia de México, y es lo que mantiene su amistad a pesar de su confrontación, que no es otra que la de vivir de distintas formas el tener conocimiento de ello. Uno desde la denuncia periodística de aquellas lacras ocultas en la oscuridad y el silenciamiento, y el otro justamente en cultivarlas y mantenerlas. 

“Desconfío, pues, del presente, y de su forma suprema, vacía por excelencia, que es el periodismo. He dedicado treinta años y doce libros a la historia colonial de México. Puedo decir que encontré ahí más explicaciones de los males presentes de nuestro país que en el registro de sus catástrofes cotidianas que narran los periódicos, con su inmediatez desmemoriada y su exageración profesional”.

El cuarto poder 

 Esta cita del prólogo ya es un anuncio de la importancia del periodismo en esta discordia intelectual. La labor que asume La República en torno a la incipiente guerrilla –y durante sus momentos más álgidos- es la espina diaria, constante, del gobierno. Los peligros que se avecinan cuando la voz más institucionalizada de la prensa nacional decide destapar los montajes militares y dar cabida, espacio, lectoría y respaldo a la lucha armada, no se hacen esperar en la novela.

 Tras alcanzar la gloria soñada de todo medio de prensa, en la crítica situación latinoamericana en cuanto a libertad de expresión y autocensura –herencia de las dictaduras propias de la región-, de desligarse del financiamiento de la publicidad empresarial y gubernamental y lograr su total independencia, La Republica pagó su precio.

 Mientras algunos gozaban de la libertad periodística -del autonomismo que produce el financiamiento exclusivo de la lectoría- de ejercer su labor fuera de la presión de poderes políticos o económicos, adoptando a plenitud una ideología a su ver revolucionaria de servicio al país, otros desde el interior sufrían el escarnio de haber perdido sus privilegios, gestando una sangrienta e inevitable conspiración que acabó con el sueño de Sala.

 Aún con la posibilidad de fundar un nuevo periódico, La Vanguardia, que logra posicionarse dentro de los lectores, además de ser un éxito comercial, finalmente desencanta en la novela al perder el norte del porqué se buscaba la independencia editorial, más allá de la confrontación por la confrontación antigubernamental. Vigil, es retratado como causa magna de esta trasformación a un periodismo moderno y punzante, sin embargo, se ve sobrepasado por la intransigencia de informar todo sin medir afectos involucrados, por la inmediatez de los efectos informativos, por las consecuencias visibles y tangibles del poder de un golpe noticioso. Huye, deserta.

 Un enganche de estilo

Ciertamente lo más atractivo del libro, y que lo convierte en una excelente novela más que una biografía no autorizada, es el estilo envolvente de la prosa de Vigil, encarnada de forma casi exacta por Héctor Aguilar Camím. El formato de incluir testimonios reales al inicio de cada capítulo, y citas de Vigil a lo largo de toda la obra le otorga una validez y fluidez al relato impagables para el lector, además de un dejo amargo de nostalgia por agregado.

  La forma astuta y casi enfermiza de entrecruzar la vida cotidiana, el desenfreno nocturno y fructífero de bares, cantinas, cabaret y de amores sufridos -y otros tantos desabridos y ambulatorios- propios de la casta intelectual latinoamericana de época, junto al poder y las consecuencias de su vida pública, es una radiografía casi esquizofrénica que podría pertenecer a tantos otros símiles, como a nuestro premio Nóbel Pablo Neruda.

 La intromisión detallada de revelar hasta las anotaciones más privadas, logra un conocimiento y una cercanía con el personaje, hasta conectar con cada una de sus emociones y pensamientos. Hasta el vertiginosos y abrupto desenlace de su muerte, la vida de Vigil es una ventana abierta a la identificación con una generación, con una historia común, y con todas las aristas del conflicto que genera el poder del conocimiento intelectual, traspasando hasta el lugar más ínfimo de la vida misma, pasando por la posibilidad de ponerlo al servicio de muchas cosas –guerrilla, gobierno, prensa, vida y el infaltable amor-.

 

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A más de cuatro años de su retiro, Carlos Ruiz, fundador y jefe político durante años del moviendo Surda, habla de las condiciones de su salida, de los actuales pasos de la organización y comenta la actualidad. No tiene pelos en la lengua en criticar el actuar de la concertación asegurando que “el gobierno de Lagos fue un gobierno derecha” y que “Bachelet fue lo peor que le pudo pasar a la mujer chilena”, entre otras cosas.

Carlos Ruíz
Carlos Ruíz

 Desde su pequeña pero muy ordenada oficina del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, donde se desempeña como docente a tiempo completo, este hombre de rostro afable y grandes ojos, comenta, con un dejo de nostalgia y pausada elocuencia, los motivos por los que abandonó La Surda, “su sueño”.

 Tras lapsos no menores de silencios entre pregunta y respuesta, Carlos Ruiz, sigue siendo sagaz en sus palabras, cuidadoso al referirse a la organización de la cual ya no es parte e incisivo en sus críticas a la política actual, tanto lo que el mismo denomina “pacto bicoalisional”, como la clásica izquierda extraparlamentaria. Ruiz no deja títere con cabeza.

 

 – La Surda realizó un importante trabajo a nivel universitario, abarcando gran número de federaciones. ¿Qué opinión le merece la gestión del actual gobierno de la FECH?

 De la actual directiva conozco muy poco. Tuve un encuentro con ellos a principio de año, les comenté en ese momento que era bueno preparase para el escenario de la Ley General de Educación (LGE) que era lo que se venía. No voy a entrar en detalles, pero uno de ellos me dijo que no, que tenían todo preparado y creían que por ahí “no venía la mano”. Y la verdad es que no había que ser muy sagaz para saber que por ahí “se venía la mano”.

 – ¿Existió un eje en las movilizaciones de este año?

 Creo que a nivel general, no sólo de la FECH sino también con los “pingüinos”, son direcciones estudiantiles que más expresan un malestar en vez de conducirlo. Es un malestar que todavía no se constituye en pensamiento, en identidad, que le permita plantarse en frente de los contendores que tienen. Por lo tanto el gobierno te ensaya una respuesta tecnocrática frente a esta demanda, aparentemente técnica, y te tecnifica una discusión, cuando en el fondo lo que hay es una voluntad o no respecto a la educación pública, esa es una voluntad política. En ese sentido el eje se dispersa.

 – Usted, en un foro en el 2004, fue enfático en señalar que “la concertación no tenía nada nuevo que ofrecer, aunque se vistiera de mujer”. Sin embargo, finalmente La Surda llama a votas por Michelle Bachelet. ¿Cómo se genera esa contradicción?

 Bueno, yo ya no estaba en La Surda. Aunque no veo esa contradicción, no la critico por hacer lo que hizo, al contrario, creo que hizo lo correcto al llamar a votar por Bachelet en segunda vuelta. Yo no creo que dé lo mismo la derecha que la concertación. Ahora, creo, efectivamente, que la concertación no tiene nada más que hacer. Está absolutamente agotada.

 – ¿Opta entonces por el mal menor?

Por supuesto. Es una solución absolutamente defensiva. De hecho, el problema no debe ser ese, el problema central debe ser nuestra política de acumulación, que te permita incidir en algún momento, imponer otros términos a la manera de hacer política. Un gobierno de derecha nos dificultaría mucho más el trabajo, sobretodo el gobierno de derecha que venía en ese momento, con Piñera.

Ahora, yo lo sigo planteando en esos términos. Incluso en un foro feminista que hubo después yo dije algo mucho peor, que “Michelle Bachelet era lo peor que le podía haber pasado a la mujer chilena. Una mujer que se viene abriendo espacios que justamente el género le había restringido. Y con este referente, no, una frustración total”. Por poco me mataron, por supuesto.

 – ¿Tiene una peor evaluación del gobierno de Bachelet, que del de su antecesor, Ricardo Lagos?

 No. El gobierno de Lagos fue un gobierno de derecha. Ahora, por qué ella se hecha muertos que no son de ella y se los tapa a Ricardo Lagos, que responda ella, yo no tengo porqué hacerlo. Pero que quede esa sensación tras la pregunta que tú me haces, eso es culpa de ella, porque juega mucho a taparlo. Lagos dejó puros desastres en el país, pero ella también ha hecho más desastres, por supuesto.

 Ya la Concertación es una fuerza que no tiene la capacidad de administrar el modelo, ninguna continuidad.

 – ¿Por qué se retira de La Surda?

 Mi reflexión era muy crítica de lo que hacía el resto de la izquierda extraparlamentaria en las formas de plantearse los problemas de proyección política, para poder incidir. Todavía me parece muy crítico lo que hace, por ejemplo, el Partido Comunista, haciendo pacto con quien surdasea, hasta con Chile Primero, me parece que desdibuja todo.

Todo esto tenía que ver con la idea de proyectarse. El objetivo de estas organizaciones es hacer política, y no estar viviendo en la organización social y hacer “socialitis”. Yo tenía mucha discusión con eso.

Si no apuntábamos al desgaste de este pacto bicoalisional, era imposible lograr esta trasformación que buscábamos.

 Ahora, este es un periodo muy complicado porque es despolitizante también, y eso implicaba hacer otro tipo de reflexiones. Hacer una apropiación más bien crítica de la historia de la propia izquierda chilena, una izquierda que evade sus propios fracasos, de los 80, del 73. Había que refundar una izquierda chilena que no podía ser una copia de la del siglo XX, donde el contenido de lo popular ya no era lo mismo. No íbamos a volver a la izquiera de Inti Illimani y Quilapallun, con poncho y zampoña.

– La Surda actualmente plantea el autonomismo. ¿Cómo lo definiría?, ¿es partidario de él?

 No conozco cómo lo estén planteando ahora, pero esa es una idea nuestra muy vieja. Era una idea de autonomía política, en el sentido de construir condiciones de ejercicio de la política al margen de las condiciones que plantea la alianza política dominante. También defendíamos el autonomismo de las organizaciones sociales, en sentido de romper con la vieja relación entre organización social y partido político. Es decir, las organizaciones sociales no son una forma de transmisión de las cosas que dicta el comité central de un partido.

 Ahora, entender el autonomismo como antipolítica, apoliticismo, etcétera, eso ya no me parece. 

– La Surda actualmente participa de una serie de iniciativas, tendientes a aportar en la articulación de distintos sectores, entre los que se encuentran el Movimiento por la Democracia y la Justicia Social (MDJS) y el Movimiento Autónomo para las Libertades (MAL). ¿Significa esto que La Surda abandona un poco el autoproclamado autonomismo político y da un giro hacia la conformación de un partido?

 Honestamente no te puedo contestar por La Surda, porque lo que me estas diciendo no lo sabía. 

 – ¿Le sorprende?

 No. Es que el autonomismo no es autonomismo v/s partido político, para mi nunca lo fue. Ojo, lo que si, yo creo que a forma partido político, está agotada, que hay que constituir un nuevo sujeto político. Ahora, es una opinión mía. Si mañana me encuentro con que mucha gente se reúne y quiere ponerle partido político, bueno, tendré que estar dentro, no soy el dueño de la pelota. Pero si estuviera en mis manos, trataría de configurarlo de otra manera.

Pero, insito, yo no estaría un una vereda del autonomismo que fuera opuesta ha hacer política. Porque el propósito de organización social que constituyó La Surda era incidir la organización, generar una transformación política.

 – ¿La Surda perdió ese propósito?

 La Surda se fue mucho por corrientes muy marginales, en ese sentido. Muy en el encierro de la izquierda extraparlamentaria, muy recluida en la evidencia testimonial, pero con una fuerte crisis de incidencia en al agenda país. De lo contrario se puede seguir denunciando los mismo males que todos conocemos, y eso ya no cambia nada. A las elites dominantes, todo lo que hacemos no le quita el sueño, ni si quiera le rasguña la pintura del auto. Hay que revisar un poco como hemos hecho las cosas, para un real proyecto de transformación, y si sólo somos capaces de expresar un malestar y no de transformar, estamos por el camino equivocado.

 – ¿En qué consiste esa idea de la conformación de un nuevo sujeto social?

Aquí hubo una refundación capitalista muy fuerte. Esto barrió con casi todas las estructuras que existían, con mucho de lo que había de grupos y clases sociales e instaló otras nuevas, nuevos sujetos sociales. Un nuevo tipo asalariado, los subcontratados. Un nuevo tipo de pequeña burguesía, las PYMES. Un nuevo tipo de qué se yo. Y esas estructuras sociales no tienen representación política, no tienen organización social todavía. No han hecho una apropiación de la nueva realidad, de este capitalismo refundado. Había que vincularse con esta sociedad, con los conflictos sociales del futuro y no en las contradicciones que han marcado el Chile de los años 30 a los 70. Hay que apostar a ese sujeto social todavía se puede hacer, aún es un sueño.   

– ¿La actual izquierda chilena, sigue enfrascada en una derrota?

 No en la misma derrota, pero no ha superado las marcas. La Surda hizo un esfuerzo en ese sentido por constituirse como una fuerza ideológica y políticamente nueva, ese fue mi sueño, y no una repetición de lo mismo. Para algunos aparecimos como una izquierda postmoderna, nos pusieron todos los apellidos habidos y por haber. En ese sentido yo acusaba a una izquierda denunciante, muy victimizante, en su perspectiva de los asuntos de Derechos Humanos, cuando no eran victimas, sino luchadores que creyeron en un proyecto. No acusemos al enemigo por ser malo, porque su pega es ser malo.

 – ¿Quedó sólo en el esfuerzo?

 Yo siento que La Surda, no sé si podían más o no, pero tiraba muy fuerte la idea de mantenernos al margen, de estar un poco en esa izquierda extraparlamentaria que a mi no me parecía, como el Juntos Podemos y esas cosas. Me parecía que había que romper los moldes, y La Surda podría traer un tipo de énfasis nuevo, de mucha juventud y de pobladores que no venían de familias de izquierda, que no tenían relación con el exilio, que no tenían familiares desaparecidos. Moverse fuera del ámbito de los convencidos, disputarle el territorio a la derecha.

 – Usted plantea que La Surda podría haberlo hecho, pero no lo hizo.

Yo creo que nosotros íbamos en esa dirección. En ese sentido La Surda dio un paso hacia atrás, se volvió a meter al calorcito de la peña popular. Retrocedió, y eso es algo que me pesa mucho. 

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Pernil canalla

Pernil canalla

 Para la mayoría de los universitarios, San Diego es sinónimo de libros, ya sean nuevos, usados o pirateados, todos ellos medianamente “accesibles” a nuestro bolsillo. Sin embargo, esta calle es mucho más que libros y bicicletas, más que un teatro viejo semi abandonado, mucho más que los juegos Diana y más que el camino que conduce hacia el Parque Almagro. 

 A simple vista, San Diego 379 no es más que un largo pasillo blanco, algo lúgubre, abundante de escritos en los que se mezclan ofertas gastronómicas y consignas como “o el asilo contra la opresión” o “somos todos inocentes”. “Está llegando, pero le falta” es lo último que se lee antes de encontrar, ya muy al fondo del pasillo, la entrada. Una puerta de latón, bastante antigua y la primera sorpresa. Está cerrada. Y es que al Club de los Canallas no entra cualquiera. Esta restricción se remonta al año 1980 cuando su dueño Victor Painemal, más conocido como “el canalla”, abría este lugar hasta entradas horas de la madrugada, en pleno toque de queda, para que los santiaguinos se refugiaran de la represión militar. Esta “ayudita” le valió ser allanado en 67 ocasiones.    

Nació como “El rey de los pollos asados”, pero al ser incendiado y clausurado en el 83, el boliche pasó a llamarse El Rincón de los Canallas, nombre que conserva hasta la actualidad. Todos los días Painemal pasaba por radio el santo y seña que los clientes debían contestar en la puerta al famoso “¿Quién vive, canalla?”. Las respuestas eran frases, como “Está lloviendo en Puerto Montt y los canallas siguen igual”. Hoy, y desde que Pinochet corrió su suerte en Londres, la contraseña perpetua es “Chile Libre”. Una vez aceptado el santo y seña, comienza la regresión a la clandestinidad. 

“Bienvenido canallita. Pase, mire los calabozos y escoja su mesa”, dice con calma una de las sencillas mujeres que atiende el lugar, tras reconocer fácilmente la cara de asombro y la boca abierta de todo aquel que visita Los Canallas por primera vez. Cinco calabazos son los que llenan de mística el lugar. Salas de no más de tres por tres entre las que se distribuyen viejas mesas rojas con sillas de tapiz acolchado de esas que ya no se fabrican. Una luz amarillenta, tenue, y ni una sola ventana. Recién ahí, al mirar a tu alrededor, comienzas a entender que aquellas paredes, en otros tiempos, tejían historias ocultas, silenciadas, secretas y clandestinas.

 Un modesto menú, que no es más que una fotocopia en blanco y negro en la que, como en todo el lugar, se leen consignas y más consignas, se acompaña de un exquisito pan con pebre y chancho en piedra mientras esperas tu pedido, que en cuanto llega, demuestra que, a parte del precio, lo único modesto era el menú. El “Pernil Canalla” plato clásico del lugar, no es menos que otros suculentos platos que el menú ofrece, como el “Vietnamita”, el “Terrorista”, el “Guerrillero”, el “Atentado”, “Vitalicio” o el “Cesante”, el plato más económico del lugar. Todas las alternativas son carnes acompañadas por arroz, papas y ensalada. Aquí, ningún canalla se muere de hambre.  

Y si lo suyo es el trago, no pude dejar de probar las jarras de “Maremoto”, al son de las mejores cumbias guachacas y unas buenas cuecas chilenas, rodeado de escritos que incluyen hasta poleras, pañales y calzoncillos, entre cuadros de todo tipo. 

En Los Canallas cada centímetro es una historia en si misma, un recuerdo, un saludo, un agradecimiento, un aviso, un lamento, una lucha o un registro de un determinado momento. Un lugar que en vísperas del día del joven combatiente y cuando la violencia no deja de cobrar víctimas humanas en el conflicto mapuche, más que nunca cobra sentido el “Arauco Vive” del logo canalla, en el contexto de un sabroso plato de comida típica chilena.  

Pero no todo en color de rosa. Lo triste de toda esta historia es que Los Canallas cerrará sus puertas. Será demolido a más tardar en Mayo y en su lugar se construirán grandes edificios donde otras historias se tejerán.  

 

Dónde: San Diego 379

Horario: Hasta las 5 am.

Fono: 6991309

Pernil Canalla: $ 5.480 (para dos)

Combinado: $ 1.900

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 Si me dijeran pide un deseo, preferiría un rabo de nube, que se llevara lo feo y nos dejara el querube. Un barredor de tristezas, un aguacero en venganza que cuando escampe parezca nuestra esperanza.

 Silvio Rodríguez, Rabo de nube
 
Pensar el periodismo ideal es una gran hazaña para una simple estudiante de tercer año, llena de sueños y aspiraciones, de entusiasmo y de ese cierto ímpetu subversivo de romper con todo lo previamente establecido y reivindicar aquellos ideales heredados de la Revolución Francesa; libertad, igualdad y fraternidad. 

 Aterrizar a la realidad, donde el people meter reina en la televisión, el duopolio en la prensa nacional y las radios, y la lucha por la publicidad hace sucumbir a cuanto medio alternativo intenta surgir, no es el panorama más alentador, pero soñar es gratis.

Si me dijeran pide un deseo, prefería que se llevaran lo feo y nos dejaran el querube, que el gobierno generara políticas efectivas de distribución de publicidad que no beneficiaran tan sólo al duopolio El Mercurio S.A. Copesa, y diera la posibilidad de subsistencia a medios de prensa alternativos, que pudieran llegar a más lectores y generar una real libertad de expresión, un verdadero acceso a la información que sustentara esta democracia capitalista.

  En esta base, sería posible realizar un periodismo que pudiera alejarse del sensacionalismo, de la banalidad, de la simpleza, de la info-entretención que hoy está a la orden del día. Crearía un medio donde se trabajase por un real servicio a la sociedad, tratando temáticas de utilidad pública, donde tuviese cabida la reivindicación de género, de las minorías étnicas, sexuales, de todo tipo. Que prestara un servicio cívico, educativo, participativo a los lectores.

Si me dijeran pide un deseo, preferiría un aguacero en venganza que cuando escampe parezca nuestra esperanza, un medio donde se tomaran decisiones colectivas, y tanto las pautas de reporteo, como las portadas, fueran propuestas discutidas y evaluadas comunitariamente, donde las líneas editoriales no estuvieran marcadas por el peso de los poderes político económicos sino por un objetivo común, como funcionaba hasta hace poco El Siglo.

 Si me dijeran pide un deseo, preferiría un barredor de tristezas, un medio que fuese capaz de aportar a la sociedad dando a conocer realidades y soluciones, por ejemplo, al cubrir los tan bullados femicidios le hubiese otorgado un enfoque totalmente distinto, en vez de realzar la brutalidad de los ataques, hubiese abordado el tema de fondo que es la violencia de género, habría investigados cuantos casos de denuncias por violencia finalizan sus juicios y cuantos se desisten. Buscar el origen, mostrar cuales son las posibilidades legales, qué fundaciones acogen a las mujeres maltratadas, cuál es la legislación y en qué se diferencia con la otros países. Es decir, profundizar aquellos temas sensibles a la sociedad, dejando de lado el factor conflicto como eje principal. Me gustaría un medio donde se discutiese desde una perspectiva de género.

En el medio de mis sueños la pirámide invertida comenzaría a quedarse guardada y reservarse sólo para las estrictas notas informativas, y en el resto de los géneros el periodista tendría una mayor libertad en la creación de estilos de narración y sería un ente activo en los grados de interpretación de sus escritos. Sería un medio con capitales colectivos que no fracasaría, como Plan B, gracias a los nuevos planes de Gobierno de distribución justa de la publicidad (situación ficticia también). En este medio los editores y dueños serían siempre periodistas y no empresarios, o en su defecto, periodistas a cargo del medio – empresa, y no empresarios a cargo de la empresa – medio.

 Si me dijeran pide un deseo, preferiría un rabo de nube, un medio que recogiera los principios del pluralismo, la libertad de expresión, la ética como búsqueda insaciable de la verdad, que con tanta dedicación me inculcan cada día en la mejor Escuela de Periodismo del país, la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, la más humana de todas.

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La nubosidad de la ensoñación aún invade el cuerpo completo. Lentamente comienzan a tiritar los párpados, tiritar suavemente para encogerse luego, uno primero, el otro después, para destapar los ojos y regalar la primera mirada del día.

 Al despertar todo es nuevo y confuso, difuso. La luz penetra por todas partes, encandila. Mueves un dedo, luego el otro y el calor entre las sábanas es el primer indicio, la bocanada de aire entrando por la nariz mientras te estiras es la confirmación. Y es que su olor es único en el mundo, inseparable de la tibieza de su piel, más como el pancito saliendo del horno que como ese olor dulzón que la gente suele describir.

 

Surge la primera sonrisa, la automática, más real y más sincera que cualquier otra que pueda existir, porque es cien por ciento sensitiva, instintiva. Es el acto reflejo de aquellos dos estímulos, calor y aroma. La combinación perfecta del recuerdo de una noche, el regocijo de haberse entregado todo el uno al otro, de saber que no fue cualquier noche, fue una noche compartida, y sonríes.

 Los pliegues de la frente, de un ceño fruncido producto de la luz que insiste clavarse en los ojos, comienzan a ceder cuando giras levemente la cabeza y lo ves. Y si creyeras en dios pensarías que esa imagen es un regalo del cielo, que el dueño de aquellos ojos que descansan cerrados no es más que un ser divino, un ángel. No existe perfección mayor que su propia calma y no hay mayor admiración que la de las cosas simples. Si pudieras controlar el tiempo, extender los segundos y poner pausa como un control remoto, podrías pasar eternidades en su contemplación, y lo miras sonriendo.

 Pero se es ambicioso por naturaleza, y los sentidos siempre han sido cinco. Se tiene su calor que te invade, aquel olor inigualable, la imagen perfecta de su propia clama, que si te fijas con atención puede oírse suavemente, la oyes, su respiración. Tan distinta a la de horas pasadas, cuando la fricción de los cuerpos en movimiento la aceleraba sostenidamente. Ahora, con el alba, no es más que quietud, constancia, como el sigiloso rugido de las olas de un mar en calma, como los latidos, la sístole y la diástole que lo convierten en real, de carne y hueso, tibio, inseparable de su arma de recién horneado.

 Sólo resta culminar el descubrimiento matutino, probarlo. Porque de la fijación oral nace todo deseo, es inevitable probar el elixir de sus labios, besarlo. Juntar tus labios con los suyos y degustar una mañana compartida, hasta sentir como lentamente comienzan a tiritar sus párpados, tiritar suavemente para encogerse luego, uno primero, el otro después, para destapar sus ojos y regalarte la primera mirada del día, con un beso, el beso de buenos días. Porque despertar es como nacer, o renacer, y así, existen mañanas de camas vacías y existen éstas, las otras, las mañanas con beso de buenos días.

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