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Archive for the ‘Urbanas’ Category

Tú sabes donde estás según lo que se come, y la verdad estoy harta de los bocadillos. España, les tengo una noticia; el pan engorda un montón.

Cuando me encuentro con un compatriota, un chileno, si lleva mucho tiempo viviendo en Madrid siempre llega el momento en que me dice: ¿Sabías que en Lavapiés venden empanadas chilenas? Y como yo no lo sabía, pues natural, lo busqué en internet.

Empanada de pino

Escribo “empanadas chilenas Lavapiés” y ahí está, El Obrador de Rosi, en el primer resultado de búsqueda. Leo algo sobre la historia de Rosi, que lleva mucho tiempo en Madrid, que hace pedidos a domicilio, que hace pedidos muy grandes, en fin, que vende muchas empanadas.

Cuando sales del metro Lavapiés, estás realmente muy cerca de la pastelería de Rosi. La escalera de la única salida del metro te deja justo en la dirección equivocada, pero si giras a la derecha y subes levemente la mirada verás un letrero que versa “Calle de Argumosa“. Según el mapa de internet, estoy cerca de Rosi.

Cruzo a la acera contraria, donde están estacionadas las motos de mucha gente. Los estacionamientos en Madrid son todo un tema, pero no el de esta crónica. Sigo por Argumosa a paso firme, abriéndome camino entre las mesas de las terrazas donde gente de todos los tonos de piel y en diversidad de idiomas beben jugos, cervezas y helados. Las terrazas están todas llenas, y por la acera de enfrente lo mismo, y luego dicen que este país está en crisis. Me pregunto si Rosi venderá menos empanadas en estos tiempos.

Cuando de pronto se acaban las mesas con conversaciones alegres y los vestidos de fiesta se toman los escaparates de las tiendas, sabes que estás llegando a la Calle de la Sombrerería, donde Rosi aguarda con esas empanadas de pino al horno.

¿Quién le pondrá los nombres a las calles? Aquí de sombrererías, nada. Más bien una mueblería y luego sólo pisos de vecinos, y allí, a mitad de cuadra, justo bajo la tercera farola del alumbrado público, está el pequeño letrero de rojo oscuro y letras blancas donde se lee “Pastelería Obrador de Rosi, empanadas”.

Mientras más cerca estoy de Rosi, más evidente es la diferencia entre Calle de la Sombrerería y Calle de Argumosa. No hay mesas ni gente, y lo que más se oye es el trinar de algún pajarito de jaula que seguro que a los vecinos los vuelve locos.

Rosi definitivamente es una chilena de tomo y lomo, porque afuera de su pequeña pastelería ha tenido la osadía de ofrecer pastel de choclo, y aquí los nativos simplemente lo llaman maíz. ¿Cuántos españoles habrán probado el pastel de choclo? Me muero por preguntárselo a Rosi, pero no se va a poder.

Si algo aprendí de Rosi en este día, es que Rosi es una mujer que cierra su negocio antes de las ocho de la tarde.

**Texto escrito en el Taller de Periodismo 2011, del Periódico Diagonal.

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Pizzas dulces

La pizza es un cultura, es un culto, es fanatismo, es una adicción. Bien saben esto los amigos de la pizzería . Es que hay que reconocer que ese nombre es una genialidad, invita a que los amantes de la pizza corramos en ordas a saciar nuestra adicción por ese trozo de masa con queso caliente e infitas combinaciones posibles.

Por ese sector de Av. Providencia, entre Tobalaba y Pedro de Valdivia, el trayecto ofrece múltiples restaurantes y varias posibilidades en el rubro de la pizza, donde es preciso destacar al menos Los Insaciables y Rocco’s Pizza, cada uno en su estilo particular. Pero lo cierto es que en materia de pizzas libres Pura Gula se lleva la precea de oro de esta humilde y glotona degustadora.

Tengo mis razones para decir lo que digo, y la principal es la variedad. Cuando uno se presenta ante un tener libre de algo, se sushi, de pizza, de lo que sea, uno sabe que sólo van a traerle un determinado tipo de comida que ni representa ni un trecio del menú que el restaurante ofrece, sin embargo, en el Pura Gula la pizza libre es una sorpresa en cada pasada. Cebollas acarameladas, champiñones, choclo a la crema, carne, pollo, aceitunas negra y verdes, tomates, anchoas, palmitos, choricillo, espinaca, jamón, son sólo algunos de los ingredientes que van llegando una y otra vez a tu mesa.

Las pizzas del Pura Gula son de la cada vez más popular masa a la piedra, y tienen un sello de ingredientes frescos que responde al origen brasileño de sus dueños, quienes crean y elaboran sus propias recetas. Otro fuerte de este restaurante de Providencia son sus pizzas dulces. Debo consefar que esto de las pizzas dulces es para mi una contradicción brutal, que ofende el profundo amor por las masas saladas, pero las pizzas dulces del Pura Gula son realmente una delicia que vale la pena probar.

El sistema es el siguiente, cuando la mesa decide que sus estómagos están llegando a un tope, avisa a su garzón que cambiará a las pizzas dulces, y la dinámica de pizza libre sigue intacta hasta más no poder. Estas preparaciones a base de chocolate y frutas son muy similares a una tartaleta, pero con la masa a la piedra que tanto está de moda por estos días.

Finalmente, otra buena razón para preferir a Pura Gula por sobre otras pizzas libres del sector, es el factor económico. Por solo 5 mil pesos se accede a esta modalidad, y si no eres adicto a las gaseosas, el precio incluye garras de jugo ilimitado. Pese a que el jugo no es de la mejor calidad, es un beneficio demasiado preciado para los que sabemos que en toda modalidad de tenedor libre, es en los bebestibles donde te pegan el palo.

Y ustedes? Tienen alguna pizzería favorita?

*Publicado en Nomnom.cl

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La cocina peruana es una eminencia en si misma que no necesita mayor presentación. La influencia oriental en sus preparaciones, conservando los ingredientes americanos es una de las claves de su éxito y exquisitez. Cuando hablamos de restaurantes de comida peruana, desde luego que surgen nombres de chef reconocidos como Gastón Acurio, de la cebichería La Mar en Vitacura -y presente diferentes ciudades del continente-, pero no este tipo de locales que me quiere referir.

En esta nota quiero hablar de un típico restaurante de comida peruana, El Ají Seco. De los tres locales que este restaurante tiene en Santiago, yo prefiero el de San Antonio #530, en ese edificio enorme en que los pisos superiores están a la venta desde que tengo uso de razón. Ese es El Ají Seco tradicional, el más espacioso, el mejor decorado, con esos pollos gigantes vestidos con trajes típicos, y si se tiene suerte, con música en vivo del flocklore peruano.

Una de las cosas buenas de El ají seco es que su menú se pasea por todos los precios, si lo que se busca es una colación del del día, la hay, como también hay platos de pollos a las brasas basntante económicos. Pero si lo que se busca es una preparación elaborada, la real tradición de sabores peruanos, el menú ofrece un largo listado de preparaciones. Entre las muchas veces en que he visitado los restaurantes de El Ají Seco, he probado varias de estas preparaciones, donde siempre la presentación es impecable y cuidadosa.

Entre mis preferidos están los “Fetuccinis saltados tres sabores” -Fetuccinis saltados con trozos de pollo, vacuno y camarones en aceite de oliva, cebolla criolla, tomates, cebollines, diente de dragón en salsa de soya y especias orientales- y su símil el “Arroz chaufa tres sabores”. Realmente una delicia que se sirve en cantidades abundantes, donde realmente la combinación de sabores es increible y la soya y las especias están absolutamente penetradas en los fetuccinis o el arroz, según el caso. La relación precio calidad, es más que justa.

Otra preparación que recomiendo a ojos cerrados en El Ají Seco es el “Pollo a la Chiclayana” -Pechuga de pollo rellena con espinacas, queso fresco y champiñones, acompañada de guarnición de arroz verde al cilantro-. Los que somos locos por el queso derretido, en esta pechuga de pollo rellena la combinación con la espinaca y los champiñones es una experiencia sublime.

Pese a sus muy bien trabajados platos de fondo, si algo se roba la película en El Ají Seco son sus salsas. Cada plato está acompañado por esas salsas condimentadas de la cocina peruana que no tienen parangón. En cada mesa se sirven por cortesía dos salsas, una bien bien picante y una vinagreta de la casa que te obliga a comer todo el pan de la bandeja untado con las salsas mucho antes de siquiera ordenar. Si algo me hace volver a El Ají Seco una y otra vez, a pesar de que su atención sea bantante lenta por la cantidad de público que tiene siempre, es esa vinagreta blanca. Mal que mal, no es problema armarse de paciencia el pedir la orden, si la espera es tan amena junto a la bandeja de pan y las salsas de cortesía.

Publicado en Nomnom.cl

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Gran lomito palta mayo

Lomit’s es un restaurante de Providencia con todo el corte alemán. A pesar de tener platos clásicos en la oferta de su menú, la principal atracción son sus sándwiches, por algo se llamaLomit’s el asunto. El equipo deNomNom dispuso sus paladares, papilas gustativas y sus hambrientos estómagos a evaluar qué nos tiene para ofrecer este local de sillas y manteles de cuadrillé rojo con verde y una desmedida cantidad de plantas de plástico.

Lo cierto es que Lomit’s es un lugar acogedor, atendido por garzones de esos que llevan toda una vida, le da aires de tradición culinaria. A la hora de escoger, la oferta en sándwiches es variada; a las opciones de churrasco, lomito, hamburguesa y mechada, las secundan las de la hermosa palabra “gran”: gran lomito, gran churrasco, etc. Y sí, es que somos muchos quienes habíamos perdido la fe en un “gran”, simplemente porque ya no son lo que eran antes. Sin embargo, Lomit’s le devuelve la esperanza a los amantes del sándwich enorme.

Al llegar el “gran” a la mesa quedamos con la boca abierta y un semblante de respeto en los ojos. Un lomito palta mayo del tamaño de una pizza individual en un pan amasado especial, crujiente, tostado, abundante en palta y con el lomito en la cocción precisa, un deleite a todas luces. Pero no todo lo que brilla es oro, y el tamaño no lo es todo en esta vida. A pesar de ser considerado un ingrediente aparte, en Lomit’s no se caracterizan por ser generosos con la mayonesa, un grave error para una sandwichería, donde la anglosajona decoración auguraba una mayo casera de aquellas; el aderezo parecía más bien del supermercado.

La mechada completa, la hamburguesa especial queso, y el Barros Luco en filete comparten una buena preparación de sus carnes, pero el primero tuvo el mismo problema de la poca mayo, y el queso de los otros dos resultó ser un simple chanco derretido. Bien por las carnes, mal por los acompañantes del pan.

En cuanto a bebestibles, si busca una cerveza evite pedir un schop, son chicos y algo aguados; en ese camino, la carta ofrece una variedad de cervezas belgas, por ahí mejora el asunto. Y si de picoteo se trata, las papas fritas vienen en porción moderada, pero de aquellas congeladas de supermercado. Lomit´s pasa la pruba del paladar NomNom, pero sin muchos honores; buenos sandwichs, pero a años luz de la Fuente Alemana. Habrá que volver por una revancha, dicen que los crudos por ahí, son de muerte.

Publicado en NomNom.cl

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Un relato en vivo desde las giras de gobierno a dos días de asumir el mando

El terremoto que todos quieren ocultar

“¡Señor Presidente, señor Presidente!, abajo de nuestras casas hay gente muerta y nadie la viene a buscar. No podemos volver ahí porque el olor es insoportable”. Esas alborotadas palabras eran la bienvenida de una joven de 15 años al flamante Presidente de Chile, Sebatián Piñera, al bajarse de un helicóptero de la Fach en Dichato.

Presidente Sebastián Piñera en Dichato. Foto: GobiernoDeChile.cl

El balneario de la VIII región es actualmente una película de terror. La fuerza del mar arrasó con sus hogares, sus fuentes de trabajo, y sus recuerdos. Su dignidad está esparcida entre escombros, barro y albergues improvisados en carpas enviadas desde Medio Oriente, que se abastecen con agua que viajó kilómetros desde Copiapó.

“Señor Ministro, yo soy de Chillán, pero he pasado todos los veranos de mi vida en Dichato, esta es mi gente, y mi gente se va a morir en la calle si no llegan las mediaguas. Hasta ahora hemos resistido bien, pero el invierno nos va a matar a todos. Mi hijo de un año está en Chillán, no lo veo desde el terremoto, pero no puedo abandonar a mi gente hasta que vea la primera casa en Dichato”, decía un joven. Moreno de pelo largo recogido en un moño alto, de ropa hippienta y sucia, caminaba a paso firme junto a uno de los señores de “la parca roja”, luchando por no perderlo del alcance, hasta que logró captar su atención. Rodrigo Hinzpeter, ministro del Interior, levantó la vista del suelo y lo miró a los ojos, medio ensimismado después de ver tanto desastre en las narices, en las suelas del zapato, en la garganta seca, la tierra entre las uñas

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Feria de las pulgas

Feria de las pulgas

 

El área verde más popular de Santiago 

PARQUE FORESTAL, “EL FORE” PARA LOS AMIGOS  

Feria de las pulgas, hamburguesas de soya, tambores que dan vida a danzas africanas, cubos de fruta natural, malabaristas de toda clase, acrobacias en tela, dobladitas con queso, teatro callejero y mucha marihuana y cerveza reúnen domingo a domingo a toda la fauna juvenil capitalina en torno al museo de Bellas Artes, que parte al Parque Forestal por la mitad. El río Mapocho bien lo sabe.

 
El  Mapocho, que atraviesa la capital de este a oeste con su omnipresencia, por un momento no está solo. Un pequeño pulmón en la contaminada cuenca santiaguina lo acompaña por un interesante tramo. Si se camina firme y derecho y se atraviesa el Parque Forestal, “el fore” para los amigos, la Estación Mapocho y el popular Mercado Central se ven las caras con la afamada Plaza Italia, rotonda que da vida a protestas y celebraciones, donde termina el centro y comienza la comuna de Providencia, las casitas del barrio alto. Allí, en el forestal, es donde todo confluye, es el mayor centro cultural y de esparcimiento público que nace y muere espontáneamente todos los domingos del año.
Escultura de Botero

Escultura de Botero

 Fernando Botero jamás habría pensado al donarlo al Museo de Bellas Artes que su caballo, aquella escultura rolliza de figura equina del particular estilo de Botero, se convertiría en el mayor punto de encuentro de punks, lanas, visual, homosexuales, vegetarianos animalistas, hardcore, pokemones, otakus, volaos y comerciantes varios. Y es que aquí todos hacen suyo este espacio, y familias completas visitan este fenómeno urbano donde la comida, la música, la danza, el malabarismo, el teatro, el arte, el comercio y el simple y necesario gusto de reunirse llenan de colorido la monocromática vegetación.

 La feria es lejos la columna vertebral de todo el asunto. Desde cientos de jóvenes que salen a juntar fondos vendiendo sus pilchas viejitas, hasta jóvenes e intrépidos diseñadores que ven en el fore la mejor vitrina para sus creaciones, que no superan en precio los dos mil o tres mil pesos.

Discos de toda la música alternativa habida y por haber, como también los hits populares y los taquilleros estrenos de la cartelera hollywoodense conviven junto a los clásicos del cine arte. Libros, boletines, pasquines y publicaciones independientes conforman la oferta literaria. La gastronomía es diversa, cubos de fruta natural, tortas, pasteles, panqueques y empanadas vegetarianas, jugos, y las más populares y consumidas hamburguesas de soya, que sólo podrían competir con las económicas dobladitas con queso. Hasta antigüedades se encuentran en esta feria donde, un par de zapatillas pueden costar dos mil pesos y unos aritos artesanales tres mil. 

Sin embargo, el Parque Forestal ya no es lo que era antes. Estos domingos el jolgorio juvenil se ha visto reemplazado por la policía uniformada. “Hace como cuatro semanas quedó la cagáexplica una voluptuosa joven vecina del sector- llegaron los “pacos”, entraron en una micro al parque y se los llevaron a todos detenidos”. La acción de Carabineros es una orden municipal del mismo alcande Raúl Alcaíno. Esta medida, junto a un proyecto de enrrejar el parque, están motivados por los reclamos de los vecinos del sector respecto al desorden, la suciedad y el olor a orina que impregana el vecindario. Sin embargo, jovenes que residen en las cercanías del parque y que participan de la feria cultural dominguera aseguran que estos problemas podrían solucionarse facilmente con baños públicos y más basureros. Sólo el tiempo verá cuanto dura el estado de sitio que vive actualmente esta área verde donde los jóvenes se reúnen, comparten, se recrean, generan ingresos, crean cultura y conviven sin peleas ni rencillas.

 

(Julio de 2008)

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Pernil canalla

Pernil canalla

 Para la mayoría de los universitarios, San Diego es sinónimo de libros, ya sean nuevos, usados o pirateados, todos ellos medianamente “accesibles” a nuestro bolsillo. Sin embargo, esta calle es mucho más que libros y bicicletas, más que un teatro viejo semi abandonado, mucho más que los juegos Diana y más que el camino que conduce hacia el Parque Almagro. 

 A simple vista, San Diego 379 no es más que un largo pasillo blanco, algo lúgubre, abundante de escritos en los que se mezclan ofertas gastronómicas y consignas como “o el asilo contra la opresión” o “somos todos inocentes”. “Está llegando, pero le falta” es lo último que se lee antes de encontrar, ya muy al fondo del pasillo, la entrada. Una puerta de latón, bastante antigua y la primera sorpresa. Está cerrada. Y es que al Club de los Canallas no entra cualquiera. Esta restricción se remonta al año 1980 cuando su dueño Victor Painemal, más conocido como “el canalla”, abría este lugar hasta entradas horas de la madrugada, en pleno toque de queda, para que los santiaguinos se refugiaran de la represión militar. Esta “ayudita” le valió ser allanado en 67 ocasiones.    

Nació como “El rey de los pollos asados”, pero al ser incendiado y clausurado en el 83, el boliche pasó a llamarse El Rincón de los Canallas, nombre que conserva hasta la actualidad. Todos los días Painemal pasaba por radio el santo y seña que los clientes debían contestar en la puerta al famoso “¿Quién vive, canalla?”. Las respuestas eran frases, como “Está lloviendo en Puerto Montt y los canallas siguen igual”. Hoy, y desde que Pinochet corrió su suerte en Londres, la contraseña perpetua es “Chile Libre”. Una vez aceptado el santo y seña, comienza la regresión a la clandestinidad. 

“Bienvenido canallita. Pase, mire los calabozos y escoja su mesa”, dice con calma una de las sencillas mujeres que atiende el lugar, tras reconocer fácilmente la cara de asombro y la boca abierta de todo aquel que visita Los Canallas por primera vez. Cinco calabazos son los que llenan de mística el lugar. Salas de no más de tres por tres entre las que se distribuyen viejas mesas rojas con sillas de tapiz acolchado de esas que ya no se fabrican. Una luz amarillenta, tenue, y ni una sola ventana. Recién ahí, al mirar a tu alrededor, comienzas a entender que aquellas paredes, en otros tiempos, tejían historias ocultas, silenciadas, secretas y clandestinas.

 Un modesto menú, que no es más que una fotocopia en blanco y negro en la que, como en todo el lugar, se leen consignas y más consignas, se acompaña de un exquisito pan con pebre y chancho en piedra mientras esperas tu pedido, que en cuanto llega, demuestra que, a parte del precio, lo único modesto era el menú. El “Pernil Canalla” plato clásico del lugar, no es menos que otros suculentos platos que el menú ofrece, como el “Vietnamita”, el “Terrorista”, el “Guerrillero”, el “Atentado”, “Vitalicio” o el “Cesante”, el plato más económico del lugar. Todas las alternativas son carnes acompañadas por arroz, papas y ensalada. Aquí, ningún canalla se muere de hambre.  

Y si lo suyo es el trago, no pude dejar de probar las jarras de “Maremoto”, al son de las mejores cumbias guachacas y unas buenas cuecas chilenas, rodeado de escritos que incluyen hasta poleras, pañales y calzoncillos, entre cuadros de todo tipo. 

En Los Canallas cada centímetro es una historia en si misma, un recuerdo, un saludo, un agradecimiento, un aviso, un lamento, una lucha o un registro de un determinado momento. Un lugar que en vísperas del día del joven combatiente y cuando la violencia no deja de cobrar víctimas humanas en el conflicto mapuche, más que nunca cobra sentido el “Arauco Vive” del logo canalla, en el contexto de un sabroso plato de comida típica chilena.  

Pero no todo en color de rosa. Lo triste de toda esta historia es que Los Canallas cerrará sus puertas. Será demolido a más tardar en Mayo y en su lugar se construirán grandes edificios donde otras historias se tejerán.  

 

Dónde: San Diego 379

Horario: Hasta las 5 am.

Fono: 6991309

Pernil Canalla: $ 5.480 (para dos)

Combinado: $ 1.900

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