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Archive for the ‘Entrevista / Perfil’ Category

 

A más de cuatro años de su retiro, Carlos Ruiz, fundador y jefe político durante años del moviendo Surda, habla de las condiciones de su salida, de los actuales pasos de la organización y comenta la actualidad. No tiene pelos en la lengua en criticar el actuar de la concertación asegurando que “el gobierno de Lagos fue un gobierno derecha” y que “Bachelet fue lo peor que le pudo pasar a la mujer chilena”, entre otras cosas.

Carlos Ruíz
Carlos Ruíz

 Desde su pequeña pero muy ordenada oficina del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, donde se desempeña como docente a tiempo completo, este hombre de rostro afable y grandes ojos, comenta, con un dejo de nostalgia y pausada elocuencia, los motivos por los que abandonó La Surda, “su sueño”.

 Tras lapsos no menores de silencios entre pregunta y respuesta, Carlos Ruiz, sigue siendo sagaz en sus palabras, cuidadoso al referirse a la organización de la cual ya no es parte e incisivo en sus críticas a la política actual, tanto lo que el mismo denomina “pacto bicoalisional”, como la clásica izquierda extraparlamentaria. Ruiz no deja títere con cabeza.

 

 – La Surda realizó un importante trabajo a nivel universitario, abarcando gran número de federaciones. ¿Qué opinión le merece la gestión del actual gobierno de la FECH?

 De la actual directiva conozco muy poco. Tuve un encuentro con ellos a principio de año, les comenté en ese momento que era bueno preparase para el escenario de la Ley General de Educación (LGE) que era lo que se venía. No voy a entrar en detalles, pero uno de ellos me dijo que no, que tenían todo preparado y creían que por ahí “no venía la mano”. Y la verdad es que no había que ser muy sagaz para saber que por ahí “se venía la mano”.

 – ¿Existió un eje en las movilizaciones de este año?

 Creo que a nivel general, no sólo de la FECH sino también con los “pingüinos”, son direcciones estudiantiles que más expresan un malestar en vez de conducirlo. Es un malestar que todavía no se constituye en pensamiento, en identidad, que le permita plantarse en frente de los contendores que tienen. Por lo tanto el gobierno te ensaya una respuesta tecnocrática frente a esta demanda, aparentemente técnica, y te tecnifica una discusión, cuando en el fondo lo que hay es una voluntad o no respecto a la educación pública, esa es una voluntad política. En ese sentido el eje se dispersa.

 – Usted, en un foro en el 2004, fue enfático en señalar que “la concertación no tenía nada nuevo que ofrecer, aunque se vistiera de mujer”. Sin embargo, finalmente La Surda llama a votas por Michelle Bachelet. ¿Cómo se genera esa contradicción?

 Bueno, yo ya no estaba en La Surda. Aunque no veo esa contradicción, no la critico por hacer lo que hizo, al contrario, creo que hizo lo correcto al llamar a votar por Bachelet en segunda vuelta. Yo no creo que dé lo mismo la derecha que la concertación. Ahora, creo, efectivamente, que la concertación no tiene nada más que hacer. Está absolutamente agotada.

 – ¿Opta entonces por el mal menor?

Por supuesto. Es una solución absolutamente defensiva. De hecho, el problema no debe ser ese, el problema central debe ser nuestra política de acumulación, que te permita incidir en algún momento, imponer otros términos a la manera de hacer política. Un gobierno de derecha nos dificultaría mucho más el trabajo, sobretodo el gobierno de derecha que venía en ese momento, con Piñera.

Ahora, yo lo sigo planteando en esos términos. Incluso en un foro feminista que hubo después yo dije algo mucho peor, que “Michelle Bachelet era lo peor que le podía haber pasado a la mujer chilena. Una mujer que se viene abriendo espacios que justamente el género le había restringido. Y con este referente, no, una frustración total”. Por poco me mataron, por supuesto.

 – ¿Tiene una peor evaluación del gobierno de Bachelet, que del de su antecesor, Ricardo Lagos?

 No. El gobierno de Lagos fue un gobierno de derecha. Ahora, por qué ella se hecha muertos que no son de ella y se los tapa a Ricardo Lagos, que responda ella, yo no tengo porqué hacerlo. Pero que quede esa sensación tras la pregunta que tú me haces, eso es culpa de ella, porque juega mucho a taparlo. Lagos dejó puros desastres en el país, pero ella también ha hecho más desastres, por supuesto.

 Ya la Concertación es una fuerza que no tiene la capacidad de administrar el modelo, ninguna continuidad.

 – ¿Por qué se retira de La Surda?

 Mi reflexión era muy crítica de lo que hacía el resto de la izquierda extraparlamentaria en las formas de plantearse los problemas de proyección política, para poder incidir. Todavía me parece muy crítico lo que hace, por ejemplo, el Partido Comunista, haciendo pacto con quien surdasea, hasta con Chile Primero, me parece que desdibuja todo.

Todo esto tenía que ver con la idea de proyectarse. El objetivo de estas organizaciones es hacer política, y no estar viviendo en la organización social y hacer “socialitis”. Yo tenía mucha discusión con eso.

Si no apuntábamos al desgaste de este pacto bicoalisional, era imposible lograr esta trasformación que buscábamos.

 Ahora, este es un periodo muy complicado porque es despolitizante también, y eso implicaba hacer otro tipo de reflexiones. Hacer una apropiación más bien crítica de la historia de la propia izquierda chilena, una izquierda que evade sus propios fracasos, de los 80, del 73. Había que refundar una izquierda chilena que no podía ser una copia de la del siglo XX, donde el contenido de lo popular ya no era lo mismo. No íbamos a volver a la izquiera de Inti Illimani y Quilapallun, con poncho y zampoña.

– La Surda actualmente plantea el autonomismo. ¿Cómo lo definiría?, ¿es partidario de él?

 No conozco cómo lo estén planteando ahora, pero esa es una idea nuestra muy vieja. Era una idea de autonomía política, en el sentido de construir condiciones de ejercicio de la política al margen de las condiciones que plantea la alianza política dominante. También defendíamos el autonomismo de las organizaciones sociales, en sentido de romper con la vieja relación entre organización social y partido político. Es decir, las organizaciones sociales no son una forma de transmisión de las cosas que dicta el comité central de un partido.

 Ahora, entender el autonomismo como antipolítica, apoliticismo, etcétera, eso ya no me parece. 

– La Surda actualmente participa de una serie de iniciativas, tendientes a aportar en la articulación de distintos sectores, entre los que se encuentran el Movimiento por la Democracia y la Justicia Social (MDJS) y el Movimiento Autónomo para las Libertades (MAL). ¿Significa esto que La Surda abandona un poco el autoproclamado autonomismo político y da un giro hacia la conformación de un partido?

 Honestamente no te puedo contestar por La Surda, porque lo que me estas diciendo no lo sabía. 

 – ¿Le sorprende?

 No. Es que el autonomismo no es autonomismo v/s partido político, para mi nunca lo fue. Ojo, lo que si, yo creo que a forma partido político, está agotada, que hay que constituir un nuevo sujeto político. Ahora, es una opinión mía. Si mañana me encuentro con que mucha gente se reúne y quiere ponerle partido político, bueno, tendré que estar dentro, no soy el dueño de la pelota. Pero si estuviera en mis manos, trataría de configurarlo de otra manera.

Pero, insito, yo no estaría un una vereda del autonomismo que fuera opuesta ha hacer política. Porque el propósito de organización social que constituyó La Surda era incidir la organización, generar una transformación política.

 – ¿La Surda perdió ese propósito?

 La Surda se fue mucho por corrientes muy marginales, en ese sentido. Muy en el encierro de la izquierda extraparlamentaria, muy recluida en la evidencia testimonial, pero con una fuerte crisis de incidencia en al agenda país. De lo contrario se puede seguir denunciando los mismo males que todos conocemos, y eso ya no cambia nada. A las elites dominantes, todo lo que hacemos no le quita el sueño, ni si quiera le rasguña la pintura del auto. Hay que revisar un poco como hemos hecho las cosas, para un real proyecto de transformación, y si sólo somos capaces de expresar un malestar y no de transformar, estamos por el camino equivocado.

 – ¿En qué consiste esa idea de la conformación de un nuevo sujeto social?

Aquí hubo una refundación capitalista muy fuerte. Esto barrió con casi todas las estructuras que existían, con mucho de lo que había de grupos y clases sociales e instaló otras nuevas, nuevos sujetos sociales. Un nuevo tipo asalariado, los subcontratados. Un nuevo tipo de pequeña burguesía, las PYMES. Un nuevo tipo de qué se yo. Y esas estructuras sociales no tienen representación política, no tienen organización social todavía. No han hecho una apropiación de la nueva realidad, de este capitalismo refundado. Había que vincularse con esta sociedad, con los conflictos sociales del futuro y no en las contradicciones que han marcado el Chile de los años 30 a los 70. Hay que apostar a ese sujeto social todavía se puede hacer, aún es un sueño.   

– ¿La actual izquierda chilena, sigue enfrascada en una derrota?

 No en la misma derrota, pero no ha superado las marcas. La Surda hizo un esfuerzo en ese sentido por constituirse como una fuerza ideológica y políticamente nueva, ese fue mi sueño, y no una repetición de lo mismo. Para algunos aparecimos como una izquierda postmoderna, nos pusieron todos los apellidos habidos y por haber. En ese sentido yo acusaba a una izquierda denunciante, muy victimizante, en su perspectiva de los asuntos de Derechos Humanos, cuando no eran victimas, sino luchadores que creyeron en un proyecto. No acusemos al enemigo por ser malo, porque su pega es ser malo.

 – ¿Quedó sólo en el esfuerzo?

 Yo siento que La Surda, no sé si podían más o no, pero tiraba muy fuerte la idea de mantenernos al margen, de estar un poco en esa izquierda extraparlamentaria que a mi no me parecía, como el Juntos Podemos y esas cosas. Me parecía que había que romper los moldes, y La Surda podría traer un tipo de énfasis nuevo, de mucha juventud y de pobladores que no venían de familias de izquierda, que no tenían relación con el exilio, que no tenían familiares desaparecidos. Moverse fuera del ámbito de los convencidos, disputarle el territorio a la derecha.

 – Usted plantea que La Surda podría haberlo hecho, pero no lo hizo.

Yo creo que nosotros íbamos en esa dirección. En ese sentido La Surda dio un paso hacia atrás, se volvió a meter al calorcito de la peña popular. Retrocedió, y eso es algo que me pesa mucho. 

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